La Tupac Amaru y Milagro Sala: Construcción, Comunidad, Cultura

Daniel Cholakian- Nodal Cultura|Visitamos a Milagro Sala en el penal donde la parlamentaria del Mercosur está privada de su libertad. Muchos organismos internacionales la consideran una presa política y han reclamado al gobierno argentino por su liberación. Milagro Sala es la líder del más importante movimiento social de una de las provincias más pobres de Argentina. La pregunta que nos hacíamos en el avión era cómo podríamos abordar la visita desde la perspectiva cultural.

Cuenta la leyenda que la líder del movimiento social Tupac Amaru de la provincia norteña de Jujuy, Milagro Sala, se encontró por primera vez con el entonces presidente argentino Néstor Kirchner en un aeropuerto. El encuentro fue fugaz, ni siquiera llegaron a sentarse. El presidente le ofreció asistencia social para acompañar el trabajo del movimiento en ayuda a los sectores más castigados por la reciente crisis argentina. Sala le dijo que no necesitaba planes de ayuda sino trabajo. Kirchner le respondió que para poder incorporarlos como trabajadores tenían que constituir cooperativas y sumarse como proveedores en la obra pública.

Cuenta la leyenda que en dos días las cooperativas estaban constituidas.Imagen relacionada

La organización barrial Tupac Amaru nació a fines de los años ’90 como consecuencia de la falta de trabajo, los problemas de vivienda, salud, educación, la miseria y la discriminación que mucho de sufrían en la provincia de Jujuy. Comenzaron con comedores comunitarios o Copas de Leche, para acercar alimentos a los más necesitados.

Jujuy es una de las provincias con mayor nivel de pobreza de Argentina.

Comprendieron que lo fundamental era organizar el trabajo, porque a la vez garantizaba el ingreso digno permitía construir viviendas para miles de familias que no tenían un techo o vivían en condiciones de extrema precariedad.

La construcción fue, con el tiempo, mucho más que viviendas. La construcción de un barrio devino comunidad.

Un conjunto de casas construidas y vendidas en el marco de una relación puramente capitalista donde juegan tierra, salario, costo, precio y mercado puede tener una identidad arquitectónica e incluso reunir entre sus habitantes a grupos similares. Sin embargo, cuando el desarrollo de ese conjunto implica un movimiento colectivo que integra el trabajo digno, la solución a problemas centrales de la vida (vivienda, salud, educación, esparcimiento) y la construcción de un actor social más allá de la acción individual, se construye comunidad. Este fue el caso del barrio de La Tupac.

La comunidad no es el barrio, no es la escuela, no son las personas. La comunidad es un espacio simbólico y material que fue clave para revertir los efeResultado de imagen para milagro sala presactos devastadores de las mareas neoliberales del mundo. Donde el eje fue lo individual, el nombre propio como dador de sentido y la inexistencia de la relación entre lo público y lo común, la comunidad impuso un sentido arrolladoramente contrario.

La comunidad se construye (nunca mejor usado el término) en el encuentro, en la búsqueda de un interés colectivo, en la generación del sentido que otorga el nombre de la organización y en la comprensión de que lo público es propio. Esa comunidad, que trabaja en la construcción pero también corta el pasto en la plaza o cuida los espacios comunes, se convierte en identidad cuando el nombre de la organización se hace propio, cuando cada uno dice “soy tupaquero”, cuando las propuestas de comunidad se internalizan como propios deseos y cuando el lenguaje se transforma y comienza a referir a un universo simbólico más rico, novedoso y complejo.

Esa reconstrucción identitaria permite la recuperación colectiva de las tradiciones culturales que aquel de marginación urbana y discriminación había arrasado. Reaparecen hablas, lenguas, prácticas, artes, rituales que habían sido olvidados, ocultados o borrados de la conciencia. De este modo el proceso no solo implica el trabajo digno, la vivienda familiar justa, la salud necesaria y la educación deseable, sino también el encuentro de los iguales, de aquellos que dejaron de ser “los nadies” de quienes hablaba Galeano.

Resultado de imagen para milagro sala tupac amaruLa reconstrucción cultural sirve a la fortaleza de una comunidad. Porque ese conjunto de valores, identidades y deseos permiten que se puedan pensar también como iguales a otros. No es casual que el barrio se llame, irónicamente, el “cantri” de la Tupac, en relación con el uso de la voz sajona “country” que se usa para los barrios cerrados de las clases pudientes. He ahí una forma auto percepción que funciona justamente en el orden de la cultura, que funciona como una ética –nuestra comunidad puede ser igual que cualquiera- pero también como un desafío. Esto es posible porque aquel sujeto colectivo superó la identidad básica del ámbito laboral y se integró en una comunidad con una cultura compartida.

De este modo pudo incorporar a sus prácticas rituales ancestrales, para los que se construyó el Templo Kalasasaya, y llevar a cabo la marcha de los pueblos originarios, al mismo tiempo que recuperar la práctica de la artesanía tradicional, como incorporar a los espacios comunes las figuras de los dinosaurios o los duendes, ajenos a las viejas tradiciones pero parte de una construcción cultural que está en proceso y no es en una mera folklorización de la vida autóctona. A este proceso le seguirá la dimensión social de los derechos políticos, la democratización de la palabra y la reivindicación de la igualdad de género y la diversidad sexual.

Esta fue un proceso en el que trabajo, construcción, comunidad, identidad y cultura fueron todos y uno en el tiempo.

Estuvimos en el barrio de la Tupac el miércoles 19 de abril. Vimos la devastación de un proyecto. Vimos el pasto crecido, los muñecos de la plaza rotos, la pileta comunitaria vacía, sin bombas, arrasada. Vimos la piezas del templo pintarrajeadas, intervenidas por nombres que solo dicen, “acá estuve yo”, dando cuenta del borramiento de lo colectivo. La impudicia de lo individual mancillando el valor de la cultura sagrada con un aerosol que pone fechas a lo que se propone trascendente.Resultado de imagen para milagro sala tupac amaru

¿Cómo se logró en tan poco tiempo arrasar con el poder potente de la comunidad cultural?

Eliminando el trabajo.

Me apropio (indebidamente) de los conceptos de labor y trabajo que bien utilizaba Hanna Arendt, para pensar en la relación entre trabajo y cultura a partir del caso de la Tupac. El trabajo no está solamente destinado a la satisfacción de aquello que llamamos necesidades básicas (pensando en un hombre que ya no es sólo cazador recolector). El trabajo es un eslabón esencial en la cadena de comunidad, identidad y cultura de un colectivo. La labor es la mera acción para satisfacer aquellas necesidades. El trabajo articula, la labor provee.

Al quitarles el trabajo en las cooperativas, que sostenían la construcción pero también espacios de salud, educación, deportes y cultura, desarmaron el sostén básico de esta gran comunidad cultural. Como un castillo de naipes, golpeando en la base, voltearon el universo simbólico, a la vez que abrieron las puertas a los discriminadores, a los violentos y a la policía brava a borrar toda huella identitaria.

Para que una comunidad sea capaz de interactuar socialmente, ya sea influyendo, enseñando, colaborando con otros, participando políticamente, es central la construcción cultural, pues es a partir de ella que valores y deseos emergen, crecen, cobran vida, visibilidad y se comparten. Y cuando esto ocurre, el colectivo se convierte en un actor con potencia para disputar poder, porque no solo ejerce resistencia, sino que es portador de un conjunto de valores que pueden proyectarse hacia una totalidad.

Quitando el trabajo creativo y subsumiendo a los marginados urbanos nuevamente en labores y planes sociales, el poder de los pocos logra invisibilizar nuevamente las batallas de los muchos nadies. Haber apresado a Milagro Sala y otras mujeres de la Tupac era el primer paso para poder pegar en la base de esta construcción que lleva más de 15 años. Con el golpe que así dieron a la cultura de la comunidad se impide su reproducción, su crecimiento y su comunicación con los otros. Su participación en el orden de lo político y de la discusión del poder.

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